sábado, 29 de junio de 2013


Por George Navas.

Cuando tu pareja se acerca hacia ti, y te otorga un detalle inesperado ¿Qué sientes? ¿Alguna vez te lo has preguntado? Quizá y reacciones con una sonrisa y experimentes euforia, o simplemente te muestras impresionado ante el hecho de recibir algo cuando no lo esperas. Si caminas por la calle y de pronto eres víctima de un asalto ¿Qué es lo que haces? ¿Te muestras fresco y cedes al proceso, o, reaccionas a la defensiva intentando así evitar lo inesperado?

Hablar sobre sentimientos y emociones resulta en la mayoría de veces, en palabras sencillas, como bastante confuso. ¿Por qué? Pues, cuando hablamos respecto a lo que sentimos tendemos a confundir el sentimiento y emoción a la vez. Para tener una referencia más clara, iniciaremos por definir que es una emoción, y luego, que es un sentimiento.

La emoción puede entenderse como un “estado animado del organismo marcado por muchos cambios fisiológicos” (Cliford T. Morgan). Esta se da por impresiones de los sentidos y las mismas son momentáneas. Ocurren de un momento a otro y en ello se altera o excita principalmente el sistema simpático del sistema nervioso autónomo. Este también es conocido como “sistema de emergencia” puesto que se activa, principalmente, en situaciones que el cuerpo requiere de más energía de lo normal. Por ejemplo, cuando estamos en peligro, muchas veces luego de haber vivido el hecho nos preguntamos o decimos ¿no sé cómo hice o saque fuerzas para hacer eso? Y exteriorizamos a los demás lo increíble que rodea la acción realizada anteriormente.

El sistema simpático, como el parasimpático es parte del sistema nervioso autónomo, como antes lo hemos mencionado.  Entre sus cambio más notables podemos mencionar que aumenta los latidos del corazón, dilata las pupilas y estimula las glándulas suprarrenales, mientras que en el parasimpático es antagónico al mismo. La palabra autónomo nos da la idea de que se activa de manera automática o involuntaria, es decir, sin que nosotros lo queramos.

La excitación, es común a toda emoción. Hay centenares de variedades de emoción, todas ellas distinguibles por medio de nombres. Tres clases básicas con:

El temor: se adquiere merced al condicionamiento, por observar a otros, por oír relatos de terror o por la maduración perceptual.
La ira: es una respuesta a la frustración de motivos, a lesiones o insultos o a la observación de la conducta agresiva de otra gente.
El placer: es la reacción a la satisfacción de un motivo.

Y la gran mayoría de sus matices son alguna combinación de ellas.

Las emociones también pueden clasificarse en tres categorías, las cuales son: positivas, negativas y neutras.

Dentro de las categorías podemos acomodar algunas emociones de la siguiente manera:

Emociones Positivas: estas son emociones agradables que se experimentan, valga la redundancia, en momentos agradables, como por ejemplo la felicidad, amor, cariño, humor.

Emociones Negativas: estas no son como las anteriores, se producen en momentos desagradables, como cuando sucede una amenaza o se vive una perdida, por ejemplo miedo, ansiedad, ira, hostilidad, tristeza, asco. Estas tienden a ser más prolongadas en el tiempo que las positivas.

Emociones Neutras: no son agradables ni desagradables, ni positivas ni negativas, pero comparten características de ambas. Se asemejan a las positivas en su brevedad temporal y a las negativas en la gran movilización de recursos que producen. Por ejemplo podemos tomar la sorpresa.

Las emociones también pueden clasificarse en básicas y no básicas. En las emociones básicas se produce una forma constante de afrontamiento (movilización para la acción) mientras que en las no básicas esto no se produce. Las básicas, además, poseen una expresión facial concreta y de carácter universal.

Las emociones no básicas se obtienen a partir de la mezcla de emociones básicas, por ejemplo, los celos serían una mezcla de ira, tristeza y miedo.

Entonces, tenemos claro que la emoción es momentánea, y, aunque parezca muy sencilla no lo es. Pues la complejidad que le acompaña es notoria al entrar más en materia. A diario vivimos emociones, desde el momento que empezamos nuestra rutina diaria hasta terminarla. Incluso, cuando nos percatamos del proceso de la comunicación en la sociedad podemos darnos cuenta que el mismo conlleva un intercambio emocional segundo a segundo. Las emociones poseen expresiones universales en el lenguaje corporal del ser humano. Podemos notarlas en la expresión facial, corporal, el lenguaje, tono de voz, etc.

Incluso, los perfiles en las redes sociales no se libran de lo mismo, y en ellos podemos notar con mucha más claridad lo expresado anteriormente. Son, más que nuestro espacio en la web, un medio para el proceso constante de intercambio de emociones.

En cuanto al sentimiento, lo podemos definir como el resultado de la emoción. “Impresión y movimiento que causan en el alma las cosas espirituales” (según la RAE). Es decir que, el sentimiento es más complejo que la emoción misma.

A diferencia de las emociones, los sentimientos son más persistentes y duraderos, más profundos y más espirituales. Su manifestación externa es más débil que la de los sentimientos. “Es un estado habitual del alma, del yo, más que una reacción ante algo que nos sucede” (Juan Manuel Burgos).

Podemos decir también que es un estado de ánimo que se relaciona con la toma de consciencia de una emoción. Los sentimientos implican subjetividad, son vividos como estados del yo. También se dice que el sentimiento ese distingue básicamente de la emoción por estar revestido de un número mayor de elementos intelectuales y racionales. En el sentimiento ya existe alguna elaboración en el sentido de entender y comprender.

Las emociones de manera consecutiva generan lo que son los sentimientos. Es decir que no puede existir un sentimiento sin antes haber una emoción. Gracias a las emociones y la persistencia de las mismas es que podemos generar un sentimiento. Para tenerlo más claro recurramos al recuerdo de cuando queremos conquistar a esa persona que nos atrae. No generamos amor de un momento a otro, vamos paso a paso, quizá generando sonrisas, pequeños momentos de alegría, bienestar y gracias a esa prolongación es que podemos generar el amor.

Al igual que con las emociones, los sentimientos los podemos dividir en tres categorías mencionadas anteriormente, las cuales son positivos, negativos y neutros.

Pero según Antonio Damasio, podemos distinguir tres tipos de sentimientos:

Sentimientos de Emociones universales básicas: Felicidad, tristeza, ira, miedo y asco. Son los que corresponden a perfiles de respuesta del estado corporal que en gran parte están pre-organizados y son percibidos fácilmente.

Sentimientos de Emociones universales sutiles: Variaciones sutiles de las anteriores como euforia, éxtasis (felicidad), melancolía y nostalgia (tristeza), pánico y timidez (miedo), remordimiento, vergüenza. Este tipo de sentimientos nacen de las variaciones sutiles del estado emocional del cuerpo y del estado cognitivo.
  
Sentimientos de fondo: Se origina en estados corporales “de fondo” y no en estados emocionales. Este tipo de sentimiento es el sentimiento de la vida misma, el sentido del ser.

Un sentimiento de fondo no es lo que sentimos cuando saltamos de alegría, o cuando estamos abatidos por el amor perdido, estas dos acciones corresponden a estados corporales emocionales. Un sentimiento de fondo corresponde al estado corporal predominante entre emociones. Ya que cuando sentimos alegría, ira u otra emoción, el sentimiento de fondo ha sido reemplazado por un sentimiento emocional.
Por ello, con toda probabilidad, son estos sentimientos y no las emociones, las que experimentamos de manera más frecuente durante la vida. Aunque sólo de manera sutil somos conscientes de un sentimiento de fondo. Uno de los objetivos de la Inteligencia Emocional, consistiría en conocer y percibir de la manera más sutil este tipo de sentimientos.

También existen sentimientos corporales, los cuales menciona Juan Manuel Burgos en su libro Antropología: Una guía para la existencia. Los cuales hacen referencia a los estados del cuerpo, al frio, calor, etc. Estas en sí, son las que conocemos como sensaciones. Las sensación es “la impresión que las cosas producen por medio de los sentidos” según la RAE.

Recordemos la importancia que mencionamos al principio, el saber identificar un sentimiento y una emoción, ya que esto nos ayudara para poder percibir de mejor manera las cosas y así, no caer en el error de confundir las cosas en determinado momento. Parte de la necesidad de lo mismo se hace notar cuando nos tornamos confundidos y no sabemos cómo hacer para despejar nuestras dudas en una relación ya sea sentimental o interpersonal.

En fin, podemos decir entonces que la emoción es temporal, y, que los sentimientos son más prolongados que una emoción o permanentes. Saber diferenciar entre ambos nos ayudara en la vida para ser más conscientes en lo que pasamos día con día y a la vez, ser más atentos ante la conducta de los demás y que así, no seamos engañados y quizá a lo mejor en algún momento podamos notar cierta necesidad ayudar a los demás en lo que sea necesario.

No hay que aprenderlo al pie de la letra, insisto, solo quizá sea necesario ser más conscientes de lo que vivimos y así podamos ser más precisos a la hora de exteriorizar a los demás lo que sentimos en determinado momento.

1 comentario:

  1. Debo decir q este tema esta muy interesante porq explica las diferencias entre sentimientos y emociones de una manera muy fácil de asimilar, creo q para el lector es una herramienta muy útil porq puede clasificar sin problema alguno las diferencias entre ambas. En lo personal me considero una persona sentimentalista mas q emocional porq me dejó guiar por mis sentimientos y no tanto por una reacción momentánea...en lo personal me fascinó este tema!!! :)

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